Hay una cosa que muy poca gente sabe sobre cómo se fabrica la esfera del nuevo Oyster Perpetual 36 con motivo Jubilee, los colores no se aplican todos a la vez. Se aplican de forma secuencial, uno después del otro, en un orden preciso que no admite correcciones. Cada capa tiene que estar perfectamente alineada con la anterior antes de que llegue la siguiente. Y hay diez colores en total. Descubre este deseado modelo.
Eso, en términos de fabricación de carátulas, no es poca cosa. El motivo Jubilee que aparece en esta carátula lacada multicolor lleva el nombre Rolex formando una composición que alterna colores con una cadencia casi musical, y conseguir que esa composición sea perfecta en cada una de las carátulas que salen de la manufactura requiere el mismo tipo de exigencia técnica que Rolex aplica al movimiento que va dentro.

El motivo Jubilee y su historia en la marca
El motivo Jubilee no es nuevo. Llegó a finales de los años 70 y desde entonces ha sido una de esas referencias visuales que los conocedores de Rolex reconocen de inmediato. Las letras del nombre de la marca formando un patrón repetitivo, gráfico y a la vez contenido. Durante décadas apareció en versiones monocromáticas o de contraste limitado. En este Oyster Perpetual 36 que Rolex presentó este año, lleva ese motivo hasta su versión más expresiva, me refiero a diez colores en una superficie lacada que bajo cierta luz tiene ese brillo específico que solo el lacado bien ejecutado puede producir.
La carátula es, en este reloj, el argumento principal. Y es también donde más claramente se ve lo que Rolex lleva haciendo desde 1926, tomar algo que funciona y preguntarse hasta dónde puede llevarse.
El Oystersteel y por qué no es acero convencional
La caja es de Oystersteel, la aleación exclusiva que Rolex produce para sí misma dentro de la familia de aceros 904L. Para entender la diferencia con el acero inoxidable estándar conviene saber que el 904L es el tipo de acero que se usa en entornos de alta tecnología donde la resistencia a la corrosión tiene que ser extrema, por ejemplo en la industria aeroespacial, química, plataformas marinas.

No es el acero que se usa en la mayoría de los relojes del mercado. Sus propiedades anticorrosivas son comparables a las de los metales preciosos, y su comportamiento ante el pulido produce un brillo que los aceros convencionales no pueden igualar.
La caja del Oyster Perpetual 36 se fresa a partir de un bloque sólido de ese material. No hay piezas soldadas, no hay ensamblajes que puedan debilitarse. El fondo se atornilla herméticamente con una herramienta específica que solo usan los relojeros autorizados, y la corona Twinlock lleva un sistema de doble impermeabilidad que garantiza la estanqueidad hasta 100 metros. El cristal de zafiro lleva tratamiento antirreflectante. Todo el conjunto existe para proteger lo que hay dentro, y lo hace con una eficacia que la manufactura lleva décadas perfeccionando.
El calibre 3230 y lo que significa cada detalle técnico
Dentro trabaja el calibre 3230, desarrollado y fabricado completamente por Rolex. Movimiento automático de cuerda mediante rotor Perpetual, con una reserva de marcha de aproximadamente 70 horas. Esas tres palabras, desarrollado y fabricado completamente, tienen un peso específico en relojería que no siempre se aprecia: significa que Rolex diseña, produce y ajusta cada componente de este movimiento sin depender de proveedores externos para las piezas estratégicas.

El escape Chronergy es uno de esos componentes. Fabricado en níquel-fósforo, es resistente a los campos magnéticos intensos y combina alta eficiencia energética con fiabilidad a largo plazo. La espiral Parachrom azul, en aleación paramagnética, resiste los campos magnéticos, se mantiene estable ante variaciones de temperatura y absorbe los golpes mejor que las espirales convencionales. El overcoil que lleva esta espiral, una curvatura específica del extremo exterior de la espiral, garantiza que el calibre funcione con la misma regularidad independientemente de la posición en que se encuentre el reloj.
El oscilador está montado sobre amortiguadores Paraflex de diseño propio, que mejoran la resistencia a los golpes del movimiento sin añadir complejidad innecesaria. Es el tipo de ingeniería que no se ve en la carátula pero que explica por qué el reloj sigue funcionando con precisión después de años de uso real en cualquier condición.
La certificación que Rolex se da a sí mismo y lo que eso implica
El Cronómetro Superlativo es la certificación interna de Rolex para cada reloj que sale de la manufactura, controlada por entidades suizas independientes. Sus exigencias de precisión son más estrictas que las del COSC: mientras la certificación oficial suiza de cronómetros acepta una variación de -4 a +6 segundos diarios en el movimiento aislado, Rolex exige entre -2 y +2 segundos en el reloj completamente ensamblado, probado con equipos totalmente automatizados. El reloj terminado, no el movimiento suelto. La diferencia es significativa.

En 2026 esa certificación se reforzó con tres nuevos criterios: resistencia al magnetismo, fiabilidad y sostenibilidad. Estos se suman a los que se establecieron en 2015, que ya cubrían precisión, hermeticidad, mecanismo automático y reserva de marcha. El resultado es un protocolo de prueba que sigue creciendo en exigencia con cada año que pasa.
El estatus de Cronómetro Superlativo se identifica con el sello verde que acompaña a cada reloj y viene con una garantía internacional de cinco años.
El brazalete que lleva casi noventa años siendo el mismo
El brazalete Oyster se desarrolló a finales de la década de 1930 y desde entonces equipa toda la gama Oyster Perpetual. Tres filas de eslabones anchos y ligeramente curvados, un cierre Oysterclasp y el sistema Easylink que permite ajustar la longitud en aproximadamente 5mm sin herramientas para adaptarse a variaciones del tamaño de la muñeca a lo largo del día. Es el tipo de solución práctica que Rolex lleva décadas perfeccionando en silencio: nadie lo menciona hasta que lo necesitas, y cuando lo necesitas agradeces que esté ahí.
El Oyster Perpetual 36 es un reloj que lleva desde 1926 en alguna forma. No con esta carátula, no con este calibre, no con estos materiales, pero sí con la misma convicción de que un reloj puede ser hermético, preciso, robusto y bello al mismo tiempo sin que ninguna de esas cuatro cosas reste a las otras tres. La versión con motivo Jubilee en diez colores es la más expresiva de las que Rolex ofrece en este formato, y es también la que más claramente demuestra que la carátula puede ser técnicamente exigente sin que eso se note en el resultado final.
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