El lapislázuli lleva miles de años en la muñeca humana. Los egipcios lo tallaban en amuletos, los babilonios lo usaban en sellos reales, el azul de los frescos del Renacimiento venía de molerlo hasta convertirlo en pigmento. Es una roca metamórfica con inclusiones de pirita que en ciertos ángulos producen destellos dorados, ese azul es lo que vemos en el nuevo DEFY Extreme Lapis Lazuli II de ZENITH
Una piedra natural y carbono forjado nacido en un laboratorio. Fibras de carbono orientadas al azar en una matriz de resina epoxi, prensadas bajo calor y presión hasta producir un material con una resistencia estructural excepcional y un peso muy por debajo del acero. Irregular, técnico, completamente artificial. Desarrollado para la industria aeroespacial y de competición antes de llegar a los relojes.
Zenith puso ambos en el mismo reloj y llamó al resultado DEFY Extreme Lapis Lazuli II.

¿Por qué existe una segunda edición?
La primera versión del DEFY Extreme Lapis Lazuli fue en acero y oro amarillo. Los reflejos metálicos del conjunto creaban un diálogo cálido con el azul de la piedra. Funcionaba, y quien la conoce sabe exactamente por qué. Pero Zenith quería explorar el concepto desde un ángulo diferente, más oscuro, más técnico, más contemporáneo.
La respuesta fue el carbono forjado. Las superficies texturizadas mate del carbono absorben la luz en lugar de reflejarla, lo que hace dos cosas simultáneamente, por un lado se refuerza la geometría gráfica de la caja del DEFY Extreme y convierte el lapislázuli en el único elemento del reloj que realmente brilla. Sobre un fondo de acero o de oro amarillo, el lapislázuli comparte protagonismo. Sobre el carbono y el titanio mate, lo tiene todo para sí mismo.

El resultado es una pieza de 50 piezas (referencia 10.9102.9004/51.I200), sin duda representa una de las pocas veces que la relojería contemporánea consigue que el contraste entre materiales no sea un recurso estético sino un argumento conceptual con una coherencia real.
La carátula del DEFY Extreme Lapis Lazuli II es esqueletizada, lo que significa que gran parte de la arquitectura del movimiento es visible desde el anverso. Sobre esa arquitectura abierta, los contadores del cronógrafo están fabricados en lapislázuli. No son piezas de lapislázuli decorativas colocadas sobre una carátula convencional, en realidad son los contadores funcionales del cronógrafo, tallados en piedra natural y montados sobre la arquitectura mecánica del reloj.
Las inclusiones de pirita natural en esa piedra son lo que hace el conjunto especialmente interesante. La pirita no es uniforme, cada fragmento de lapislázuli tiene sus propias inclusiones en posiciones distintas, con tamaños distintos, que capturan la luz de forma diferente según el ángulo.

Esos destellos dorados, naturales e irrepetibles, crean un contraste que ningún material fabricado podría reproducir de la misma forma. Cada una de las 50 piezas tiene lapislázuli con un comportamiento ligeramente diferente.
Los índices aplicados van chapados en oro amarillo con Super-LumiNova SLN C1. Las manecillas también, facetadas, del mismo material. El oro amarillo de los índices y las manecillas dialoga con los destellos dorados de la pirita en la piedra, son dos fuentes de ese tono cálido sobre el fondo oscuro del carbono, una fabricada y la otra natural.
El calibre El Primero 9004
Dentro late el calibre El Primero 9004, y para entender lo que hace hay que entender el problema que resuelve. Un cronógrafo mecánico convencional usa el mismo escape para medir el tiempo continuo y el tiempo del cronógrafo. Eso implica un compromiso, el escape tiene que funcionar a una frecuencia que sea aceptable para ambas funciones. Si se quiere medir centésimas de segundo con precisión, la frecuencia necesaria es tan alta que el consumo energético para el tiempo continuo sería excesivo.
La solución de Zenith fue construir dos escapes independientes. Uno funciona a 5 Hz (36.000 alternancias por hora) para el cronometraje estándar, es decir, para las horas, minutos, pequeño segundero a las 9h. El segundo late a 50 Hz (360.000 alternancias por hora) exclusivamente para el cronógrafo. A esa frecuencia, la manecilla central del cronógrafo completa una rotación completa cada segundo, haciendo visibles e inmediatamente legibles las centésimas transcurridas. Es el único cronógrafo mecánico en producción regular con esa capacidad.
La reserva de marcha es de 50 horas para el módulo de cronometraje. La reserva del cronógrafo, que trabaja a una frecuencia mucho más alta y por tanto consume más energía, es de 50 minutos, indicada en una escala a las 12h. El fondo de cristal de zafiro deja ver la masa oscilante en forma de estrella con acabado satinado.
La caja y lo que el carbono permite
La caja mide 45mm de diámetro, con 15,4mm de grosor y 51mm de asa a asa. Es grande. La arquitectura del DEFY Extreme no fue concebida para quien quiere que el reloj pase desapercibido, un reloj que justifica su espacio gracias a una función excepcional.
La combinación de carbono forjado y titanio entrega lo que cada material hace mejor. El carbono forjado aporta la textura mate y la geometría visual. El titanio aporta la integridad estructural con un peso inferior al acero. El conjunto tiene la solidez que una estanqueidad de 200 metros requiere sin el peso que esa robustez normalmente implica.
El sistema de correas integrado directamente en el fondo permite intercambiar entre la correa de caucho negro con cierre desplegable y la correa de velcro de alto rendimiento negro, ambas incluidas. Para un reloj de este tamaño y este carácter, la opción de velcro no es informal: es coherente con la lógica del reloj de rendimiento que el DEFY Extreme representa.
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