Descubrir el nivel de maestría de A. Lange & Söhne es un regalo para coleccionistas y aficionados, se conoce por la exclusividad (la que es genuina), su dominio de la perfección tanto si hablamos de mecánica como de estética. Hoy, este reloj tiene una exigencia de cuidado, te explico porqué.
Un descuido, una pequeña distracción podría arruinar la fabricación del reloj Cabaret Tourbillon Honeygold. Los artesanos de A. Lange & Söhne han esculpido a mano los marcos, las escalas y la inscripción directamente sobre el material, a una altura de relieve de exactamente 0,15 milímetros. Después, sumergieron las tres partes que componen la carátula en un baño de rodio negro. Y ahora, con la superficie completamente oscurecida, tienen que pulir a mano únicamente los elementos en relieve, rescatando el brillo del oro miel del fondo negro sin tocar lo que no deben tocar.

No hay margen de error. El grosor de lo que se pule y lo que no se pule es de 0,15 milímetros, menos de dos décimas de un milímetro. Un ángulo equivocado, una presión excesiva y hay que empezar de nuevo. Todo ese proceso, desde el primer paso hasta el último, lleva varias semanas. Hay cincuenta carátula así. Ni una más.
¿Qué es diferente en el Honeygold?
El Honeygold no es un nombre comercial para el oro amarillo convencional. Es una aleación patentada que A. Lange & Söhne desarrolló internamente y que no existe en ningún otro lugar de la industria relojera. Su tono es más cálido y más profundo que el oro amarillo estándar, con esa cualidad específica de los metales que han sido pensados para un uso concreto en lugar de adaptados desde una formulación genérica. Bajo ciertas temperaturas de luz, tiene algo que recuerda a la miel en el momento exacto en que la luz la atraviesa.

El Cabaret Tourbillon Honeygold es el décimo octavo reloj que A. Lange & Söhne fabrica en este material. Dieciocho piezas, no todas con el mismo nivel de visibilidad del material, pero todas compartiendo ese brillo que el oro convencional no puede reproducir. En este nuevo Cabaret, la caja y la carátula son completamente de Honeygold, no hay acero, no hay contraste de materiales en la caja. Solo ese oro cálido contra el negro profundo de la carátula.
Esa decisión de poner el material más llamativo de Lange frente al fondo más oscuro posible es una de esas soluciones de diseño que cuando se ven parecen inevitables pero que requieren mucha confianza en el material para tomarse.
La carátula que se construye en tres partes y una historia de semanas
La carátula principal más las dos subesferas, una para el segundero subsidiario y otra para el indicador de reserva de marcha UP/DOWN, se fabrican íntegramente en la manufactura de Glashütte. Cada elemento de la carátula que tiene presencia visual, los marcos, las escalas, la inscripción de la manufactura, se esculpe directamente en el material. No se aplican sobre la superficie: nacen de ella, como el resultado de retirar lo que sobraba para que lo que queda tenga ese relieve de 0,15 milímetros que, sobre el negro del rodio, parece más alto de lo que es.
Los números romanos III, IX y XII, los seis apliques horarios en forma de rombo y el marco para la fecha extragrande van integrados por separado, en un último paso que requiere la misma meticulosidad que todos los anteriores. Cuando la carátula está terminada, cuando los tres paneles están conectados entre sí desde el reverso y el reloj completo descansa sobre una mesa, el efecto tridimensional que genera la combinación de oro que emerge del negro es difícil de describir con precisión. Hay que verlo en mano.
A las 6 horas de la carátula hay una abertura. A través de ella se ve el tourbillon, y sobre él aparece uno de los acabados más exigentes de toda la manufactura: el pulido negro. Pastas abrasivas especiales, una placa de estaño, la presión exacta aplicada manualmente y de forma uniforme hasta que la superficie refleja la luz como un espejo desde cierto ángulo y muestra un negro intenso y profundo desde otro. Todos los ángulos internos agudos de la jaula del tourbillon están pulidos con ese método. El puente superior también.
Pero el acabado no es el único argumento de este tourbillon. En 2008, A. Lange & Söhne introdujo en el Cabaret el primer segundero de parada para tourbillon del mundo. Lo que parece técnicamente obvio resultó estar sin resolver durante años, detener el tourbillon para ajustar el reloj al segundo era imposible porque la jaula en rotación constante hace que el mecanismo de parada convencional no funcione.
La patente que Lange registró entonces permite detener la jaula en cualquier posición mediante un muelle de retención independiente de donde se encuentren el volante y la jaula en ese momento. El resultado: se puede ajustar el Cabaret Tourbillon con una precisión de exactamente un segundo. Eso que en un reloj mecánico convencional es un gesto automático, aquí fue un problema de ingeniería que tardó años en resolverse y que Lange resolvió antes que nadie.
El calibre L042.1 y lo que se ve por el fondo
Este calibre es de cuerda manual, con doble barrilete que proporciona 120 horas de reserva de marcha: cinco días completos. El volante funciona a 21.600 semi-oscilaciones por hora, una frecuencia clásica que en este contexto no es una limitación sino una elección. El tourbillon, que pesa aproximadamente un cuarto de gramo con sus 84 componentes, compensa los efectos de la gravedad con esa cadencia pausada que los tourbillons a baja frecuencia tienen y que los de alta frecuencia no pueden replicar.

Cincuenta piezas. Varias semanas de trabajo en cada carátula. Un tourbillon que puede detenerse al segundo desde 2008. Y un material que no existe en ningún otro reloj del mundo.
