Italia, una ciudad que cuando se habla de tradición artesanal tiene mucho qué contar. Entiende la excelencia, donde el diseño y la precisión técnica se perciben como expresiones con un mismo fin. Patek Philippe elige Milán como su próxima parada con la séptima Gran Exposición WATCH ART de la manufactura ginebrina.
Del 2 al 18 de octubre de 2026, en el Palazzo delle Scintille, recientemente rebautizado como CityOval en el nuevo barrio de CityLife, Patek Philippe abrirá al público su mayor exposición hasta la fecha. Se trata de un lugar de 2.900 metros cuadrados, 15 espacios temáticos. Entrada gratuita. Cerca de 500 relojes y objetos. Y una selección de piezas que incluye desde los relojes más complicados de la historia de la manufactura hasta dos obras de Alta Artesanía creadas específicamente para esta ocasión que no existirán en ningún otro contexto.
Las seis ediciones anteriores, de Dubái a Tokio pasando por Londres y Nueva York, reunieron en total cerca de 165.000 visitantes. Esta será la más grande de todas.
Sin duda la relación de Patek Philippe con Italia es de una afinidad profunda. Los clientes italianos llevan generaciones valorando en los relojes de la manufactura exactamente lo que valoran en su propia tradición cultural, un respeto por el oficio, la atención al detalle, y gente que tiene la convicción de que la belleza y la funcionalidad no tienen porque vivir alejados.
Una manufactura que desde 1839 ha llamado a su propio saber hacer «tradición de innovación» encuentra en Italia un público que entiende esa formulación sin necesidad de que nadie la explique.

El Palazzo delle Scintille, último vestigio histórico del nuevo CityLife, ofrece el marco que este tipo de exposición necesita, una cúpula de 30 metros de altura, espacio suficiente para crear 15 áreas temáticas independientes y una arquitectura que tiene memoria propia. Bajo esa cúpula, el recorrido llevará al visitante por los enclaves más emblemáticos de la manufactura, desde la sede histórica de la rue du Rhône, la manufactura de Plan-les-Ouates y el Patek Philippe Museum de Ginebra.
Las dos piezas únicas creadas para Milán
Entre las 27 piezas de Alta Artesanía producidas exclusivamente para esta exposición, dos ocupan un lugar aparte. Son piezas únicas, en el sentido más literal del término: no habrá una segunda igual en ningún lugar del mundo.
El reloj de bolsillo «Burano» (ref. 992/193J-001) es un homenaje a la isla veneciana que los visitantes italianos van a reconocer con una inmediatez que ningún otro público podría tener. Burano, famosa por sus canales flanqueados de casas pintadas en colores imposiblemente vivos, encontró en los artesanos de la manufactura a alguien capaz de reproducir esa experiencia visual en una pieza de oro amarillo de proporciones miniatura.

La técnica es tan compleja como el resultado es luminoso. El fondo lleva guilloché a mano con motivo de olas, sobre el que se aplica esmalte cloisonné en 70 colores. Las láminas de oro y plata colocadas bajo el esmalte siguiendo la técnica del esmalte paillonné capturan y reflejan la luz de la misma forma que el agua del canal captura y refleja los colores de las fachadas. El contorno del fondo, el bisel y la argolla llevan grabado a mano con buril, inspirado en el antiguo motivo de tipo «Dentelle» que es uno de los patrimonios artesanales de la isla. La esfera, a su vez, lleva guilloché con motivo de olas visible bajo esmalte azul translúcido.

El reloj de bolsillo se presenta sobre un soporte de oro amarillo en forma de arco con un nudo de cabrestante y 8 anillas engastadas con 108 espinelas (1,15 ct) y 102 zafiros (1,18 ct), sobre una base ovalada de cuarzo azul con trabajo de glíptica. La cadena de oro amarillo lleva un medallón con 18 zafiros (0,31 ct) y 18 espinelas (0,30 ct). Es la pieza que más tiempo habrá costado describir y que menos tiempo tarda en detener a cualquiera que la vea.

El reloj de sobremesa Dôme «Oranges de Sicile» (ref. 20179M-001) propone algo técnicamente diferente pero igualmente ambicioso: dos planos visuales dentro de la misma escena esmaltada, con los naranjos en primer plano y la ciudad de Palermo en miniatura al fondo, de manera que la distancia entre ambos planos se transmite a través de efectos de desenfoque y sombreado sobre esmalte.

Para perfilar los árboles y los frutos se utilizaron aproximadamente 15 metros de hilo de oro (unos 26,8 gramos). La paleta de colores del primer plano incluye 49 tonos de esmaltes transparentes, opalescentes y opacos. La ciudad al fondo se resuelve con 4 o 5 colores pastel que suavizan el conjunto, generando ese contraste de profundidad que convierte la escena en algo que parece respirar.

Cada placa esmaltada pasó entre 9 y 11 veces por el horno a temperaturas de entre 900 y 910 grados centígrados. El anillo de las horas está inspirado en el reloj de una iglesia siciliana, con cifras romanas aplicadas en azul y agujas tipo hoja caladas con un motivo metálico central que evoca el sol.

El Calibre 89, el Grandmaster Chime y la sala de las Supercomplicaciones
Para quien va a Milán con el interés específico de ver los relojes más complicados que Patek Philippe ha fabricado en sus 187 años de historia, la exposición tiene reservado un espacio propio: la sala de las «Supercomplicaciones».
Ahí estará el Calibre 89, el reloj de bolsillo con 33 complicaciones que la manufactura creó para su 150 aniversario y que durante décadas fue el reloj mecánico portátil más complicado del mundo. Y el Patek Philippe Grandmaster Chime Ref. 5175, el reloj de pulsera con 20 complicaciones creado para el 175 aniversario. Y el Star Caliber 2000. Tres piezas que en circunstancias normales solo se pueden ver en el Patek Philippe Museum de Ginebra, reunidas en Milán durante dieciséis días.
Del 2 al 18 de octubre de 2026. Palazzo delle Scintille, CityOval, CityLife, Milán. Entrada gratuita. patek.com/watchart2026
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