Algunas historias de relojes se escriben en tierra firme, Longines tiene historias que nacen en el viento, en la incertidumbre, en la línea invisible entre el miedo y la determinación, historias que se escriben en tono femenino porque fueron ellas las que durante casi un siglo han llevado en la muñeca esta marca, por cierto, nunca esperaron permiso para volar.
Este domingo se celebró el Día Internacional de la Mujer, Longines no mira al pasado con nostalgia, sino con gratitud. Porque cada una de aquellas aviadoras (Earhart, Johnson, Smith, Cochran, Nichols) no solo desafiaron la gravedad sino también las expectativas. En ese sentido, la casa relojera encontró su propio reflejo, una visión de precisión, valentía y una elegancia que no tiene que ver con la apariencia, sino con la actitud.

Hoy, ese legado continúa vivo en mujeres como Géraldine Fasnacht, quien lleva el espíritu pionero a nuevas alturas -literalmente- y demuestra que la historia no se honra repitiéndola, sino expandiéndola.
El espíritu continúa… Géraldine Fasnacht
Cuando Géraldine Fasnacht se unió a la familia Longines hace cuatro años (2022), no llegó como una embajadora más, sino como una heredera natural de una tradición que comenzó en los años veinte y treinta, cuando la aviación era un territorio salvaje y los relojes no eran accesorios, eran instrumentos de supervivencia.
Snowboarder de élite, piloto, especialista en traje de alas, Fasnacht encarna una forma de valentía que la lleva al terreno. Su aeronave, El Espíritu de St‑Imier, lleva el nombre del lugar donde nació Longines, como si cada vuelo fuera un recordatorio de impulso, de sinergia y entusiasmo.

Su lema “Deja que la naturaleza te inspire” no es una frase bonita, es una filosofía de vida, la misma que la llevó a convertirse en la campeona más joven de Xtreme Verbier en 2002, la primera mujer en volar desde la cima del Matterhorn en 2014, y la protagonista del primer salto en traje de alas desde una aeronave alimentada por energía solar y eléctrica en 2022, como parte de la misión SolarStratos.
Cada uno de esos logros es una conversación silenciosa con las mujeres que volaron antes que ella.
Amelia Earhart, el cielo dejó de ser un límite
Amelia Earhart no volaba para demostrar nada. Volaba porque no podía hacer otra cosa. En 1928 y 1932 cruzó el Atlántico con un cronógrafo Longines calibre 13.33Z, no como adorno, sino como herramienta vital. Antes de los sistemas modernos de navegación, el tiempo era la brújula, y la precisión era la diferencia entre llegar o desaparecer. Earhart lo sabía, Longines también.

Su récord de altitud en 1922, su travesía transatlántica en solitario, su liderazgo en Ninety‑Nines, su lucha por la igualdad, todo formaba parte de una misma convicción: “Las mujeres deberían intentar lo imposible.” Su desaparición en 1937 no apagó su legado. Lo multiplicó.



Amy Johnson, la distancia era una buena aliada
En 1930, Amy Johnson voló sola de Inglaterra a Australia. Diecinueve días, 17,700 kilómetros, un Longines en la muñeca y una determinación que no admitía dudas. Era economista, ingeniera, piloto, pionera, era, sobre todo, una mujer que no aceptaba que el cielo tuviera dueño.

Su reloj Longines estaba regulado para marcar la hora sideral, la que se usa para navegar por las estrellas. Johnson tenía una habilidad, la de leer el cielo.

Elinor Smith, nacio para hacer de la audacia su destino
A los diez años ya tomaba clases de vuelo. A los quince voló sola. A los diecisiete rompió récords. A los dieciséis se convirtió en la piloto certificada más joven del mundo.
Voló bajo los cuatro puentes de Nueva York -algo que nadie más ha logrado- porque alguien le dijo que no podía hacerlo. Y cuando escribió a Longines para informar que había batido un nuevo récord de altitud con sus instrumentos, no buscaba reconocimiento, ella buscaba precisión.
Su frase lo resume todo: “Hay que dejar soñar a los niños… A los seis años sabía que quería volar.”

La voluntad indomable de Jacqueline Cochran
Cochran no solo rompió récords: rompió barreras. En 1937 estableció el récord femenino de velocidad en la ruta Nueva York–Miami con un Longines Weems New Second‑Setting, cuyo bisel giratorio permitía sincronizar el tiempo con señales de radio. Era tecnología adelantada a su época, en manos de una mujer adelantada a la suya.


Primera mujer en romper la barrera del sonido. Más de 70 récords mundiales. Líder del programa WASP, que formó a más de mil aviadoras durante la Segunda Guerra Mundial.

Cochran no volaba para ser la primera, lo hacía simplemente porque no concebía otra forma de vivir.
El caos tenia nombre: la precisión de Ruth Nichols
Nichols confiaba exclusivamente en instrumentos Longines. En 1931, a -15°C, alcanzó los 6,074 metros de altitud. Cuando su motor explotó, la precisión de su reloj le permitió mantener la calma y aterrizar con vida.
Fue la primera mujer en tener simultáneamente los récords de altitud, velocidad y distancia. Fundó Relief Wings, pilotó misiones humanitarias, colaboró con UNICEF, y a los 57 años aún rompía récords en jets militares. Su historia demuestra que el coraje no tiene edad.

Las mujeres Longines
Longines no celebra a estas mujeres porque fueron excepcionales, lo hace porque son necesarias, porque cada una de ellas abrió un camino que hoy recorren miles de mujeres que se niegan a aceptar límites. Cada una demostró que la precisión no es solo una cualidad técnica, es una forma de vivir. Porque cada una llevó un reloj Longines no como símbolo, mucho menos como accesorio, sino como herramienta.
Y porque el espíritu pionero no pertenece al pasado. Vive en cada mujer que se atreve a mirar hacia arriba y decir: “¿Por qué no?”
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