Corum, la marca de relojes se presentó en Watches and Wonders 2026, no como una promesa de futuro sino trabajo ya hecho, traducido en once nuevas referencias Admiral, seis nuevas Golden Bridge y dos piezas Heritage que cualquier coleccionista con memoria relojera va a reconocer de inmediato.
Y así comienza el nuevo capítulo de Corum. El 5 de mayo de 2025, fecha que la propia marca escribe como 5.5.25 con cierta simetría deliberada, Haso Mehmedovic firmó la compra de Corum. No era un inversor externo ni un grupo corporativo buscando activos relojeros, se trataba de un relojero que en 2011 envió un único currículum a una única empresa porque en la pared de su aula de la escuela de Le Locle había un póster de la Golden Bridge y no se imaginaba trabajando en otro lugar.

Catorce años después, ese mismo hombre es Chairman, CEO y propietario de la manufactura donde aprendió el oficio. La historia tiene algo de película, y lo más interesante es que Mehmedovic parece completamente indiferente a ese relato, lo que realmente le ocupa es hacer relojes, recuperar la autonomía relojera de la marca y demostrar que Corum no necesita reinventarse porque su identidad nunca desapareció.

El Admiral vuelve con un diseño que no borra su pasado
Rediseñar el Admiral es uno de los encargos más delicados que puede recibir un diseñador de relojes. Es un reloj que tiene coleccionistas con décadas de historia personal con la pieza, que conocen cada banderín náutico de su bisel dodecagonal, sorprender un cambio brusco en su colección sería de inmediato una traición al original. Emmanuel Gueit, uno de los diseñadores más respetados de la relojería contemporánea, aceptó ese encargo y el resultado son once referencias que conservan todo lo que hace al Admiral reconocible mientras resuelven dos cosas que la colección necesitaba desde hace tiempo, un brazalete más fluido y unos banderines que por fin hablan en el mismo idioma que el resto del reloj.
Los banderines siempre han sido el elemento más polarizante del Admiral. En 1983, cuando se estableció el diseño de referencia con bisel de doce lados y código marítimo internacional, eran vibrantes, coloridos y completamente ajenos a la estética relojera convencional, eran tan llamativos como reconocibles. Eso era exactamente el punto, ahí estaba el desafío. En 2026, Gueit los fusiona con los índices de forma trapecial como parte natural de la carátula. El resultado es un reloj más refinado que sus predecesores sin haber renegado de ninguno de sus códigos.

El nuevo brazalete integrado es la otra transformación mayor. Durante dos décadas, el Admiral llevó brazaletes de tres eslabones con asas. La versión 2026 elimina las asas y tanto la caja como el brazalete conviven en una misma línea sin interrupción, con cinco eslabones cuyo equilibrio entre satinado y pulido ha requerido, según la propia marca, decisiones de diseño que van desde el ángulo de proyección de cada eslabón hasta la dirección exacta del satinado. Por cierto, el brazalete es intercambiable sin herramientas gracias a un pulsador integrado en la caja, lo que en términos prácticos significa que el propietario puede cambiar entre opciones de material.

Las seis referencias del Admiral 39mm exploran seis territorios distintos, tres de ellas en acero, con carátulas que van desde el degradado azul marino con motivo de olas hasta el meteorito en su estado natural, aquí vale la pena hacer una pausa, cuarenta años después de que Corum fuera la primera manufactura en usarlo, en 1986, el mineral vuelve a aparecer en una Admiral por primera vez.
La cuarta referencia es el primer Admiral en titanio de la historia, también el primero con movimiento esqueletizado. La quinta combina acero y oro con una carátula granulada inédita creada por Montremo, el histórico socio de carátulas de Corum cuya puerta trasera da literalmente a la del edificio de la manufactura en La Chaux-de-Fonds. La sexta es completamente en oro rosa, con brazalete de caucho intercambiable y cierre específico fabricado íntegramente en ese material.

Las cinco referencias del Admiral 36mm amplían la propuesta hacia un formato que responde a una demanda real del mercado sin que la marca tenga que sacrificar ninguna de las características técnicas de la versión mayor.
El nuevo calibre, el logro de 2026
Nada de lo anterior habría tenido el mismo peso sin esto. El Calibre CO231 es el movimiento propio que equipa todas las nuevas Admiral, desarrollado por Corum junto a Concepto. A partir de este año, ningún Admiral lleva movimiento de fuente externa. Es automático, con una frecuencia de 28.800 alternancias por hora y 72 horas de reserva de marcha y un diámetro de 29,4 mm con apenas 4,3 mm de altura que le permite equipar tanto el 39mm como el 36mm. El volante está posicionado a las 12h, una elección extremadamente rara en la relojería contemporánea que conecta visualmente con el movimiento baguette del Golden Bridge y que Mehmedovic, que es relojero y supervisó personalmente el desarrollo del calibre, eligió conscientemente como afirmación de identidad.
El CO232 es la versión esqueletizada del mismo calibre, exclusiva del Admiral titanio, con 167 componentes que dejan al descubierto la arquitectura concéntrica del movimiento y orientan la mirada hacia el barrilete a las 6h, el tren transversal en el centro y el escape a las 12h.
Golden Bridge
El modelo Golden Bridge siempre ha tenido un problema, es tan buena la idea que resulta difícil mejorarla sin tocar lo que la hace única. El movimiento baguette que va de arriba abajo dentro de la caja, lineal, visible, sin nada que lo oculte, lleva más de cuarenta años siendo la demostración más clara de que en relojería, el diseño y la ingeniería pueden ser exactamente la misma cosa. Nadie lo ha copiado en todo ese tiempo. No por falta de ganas, sino porque hacerlo requeriría hacer exactamente lo que Corum hace, y eso implicaría admitir que estás copiando a Corum.
Lo que la marca presenta en 2026 parte de una pregunta sencilla: si la transparencia es la esencia de este reloj, ¿qué pasa cuando llevas esa lógica hasta el final? La respuesta son seis referencias con la primera caja completamente fabricada en zafiro que la Golden Bridge ha tenido en su historia. No un cristal de zafiro, no un fondo transparente. La caja entera.
Son tres modelos, cada uno en dos versiones según el material del movimiento, oro gris u oro 5N, que es el oro rosado de alta pureza que Corum usa en sus versiones más cálidas. El primero lleva la caja en zafiro translúcido, que es la interpretación más fiel al espíritu original, una panorámica de un movimiento sin ninguna interferencia entre el mecanismo y quien lo mira. El segundo usa zafiro azul, que añade una capa de carácter sin cerrar la transparencia. El tercero es la Miss Golden Bridge en zafiro rosa, la versión más expresiva, es definitivamente una declaración de estilo.
Las piezas Heritage: Coin y Golden Book
Completan el año dos piezas que cualquier coleccionista de Corum con experiencia va a entender sin explicaciones adicionales. El modelo Coin, una moneda de oro de 50 dólares inédita cortada por su grosor para alojar un movimiento en su interior, y el regreso de la Golden Book, dos objetos que en los años 70 y 80 definieron qué era posible hacer con un reloj si se descartaban las convenciones. Ambas se producirán en series limitadas.
Setenta años después de que René Bannwart fundara Corum en La Chaux-de-Fonds con su tío Gaston Ries, la manufactura tiene de nuevo un propietario que aprendió el oficio dentro de sus paredes y que sabe exactamente qué hace que estos relojes sean lo que son. Eso no es un argumento de marketing. Es una garantía de continuidad que muy pocas marcas pueden ofrecer con la misma honestidad.




