El regreso de Corum a México es la reaparición de una Maison que nunca ha seguido caminos ajenos y que ahora vuelve al país con una claridad estratégica que refleja la visión de Haso Mehmedovic, CEO de la casa relojera. No viene a recuperar terreno, viene a reactivar una conversación que México siempre estuvo listo para tener.
México es un buen mercado si de entender la audacia, la artesanía y la irreverencia elegante. Corum vuelve con el mensaje claro de resaltar sus orígenes a través de piezas icónicas, aquellas que los coleccionistas aprencian, y nuestro país en estos momentos está pasando por un momento vibrante.
Haso Mehmedovic no trae un discurso de nostalgia, tiene claro un plan, trae una identidad, una promesa, la de honrar setenta años de creatividad radical sin perder la esencia que convirtió a Corum en una de las casas más singulares de La Chaux‑de‑Fonds.

¿Conoces la historia de Corum?
Desde 1955, Corum ha sido una anomalía deliciosa dentro de la alta relojería. Mientras otras casas perfeccionaban lo conocido, ellos se obsesionaron con lo inexplorado. La marca entendió desde el principio que la forma es un lenguaje, y que un reloj puede ser un manifiesto si se atreve a romper con lo preconcebido que propone la industria
Por eso, su historia está llena de piezas que no se parecen a nada más: Golden Bridge, con su calibre baguette suspendido en el vacío. Admiral, con su bisel dodecagonal y banderines náuticos. Coin Watch, con monedas auténticas cortadas en dos para alojar un movimiento. Bubble, con un cristal de zafiro abombado que desafió toda convención estética. Rolls‑Royce, con una caja que replicaba la parrilla del automóvil más emblemático del mundo.
Definitivamente es una marca que le hablaba a un público específico, aquellos que reconocen la audacia. Ellos han ejercido la audacia y han demostrado creatividad al mismo tiempo que honran su historia a través de propuestan congruentes con su filosofía.
Pareciera que Corum crea lo que el mercado no sabía que necesitaba. Y esa es la razón por la que nadie la ha copiado jamás: no se puede copiar lo que no se entiende desde afuera.

Haso Mehmedovic, un relojero que miró a través de un lente distinto
La historia de Haso Mehmedovic es tan improbable como inspiradora. Nacido en Srebrenica en 1992, sobrevivió a uno de los episodios más oscuros de la posguerra. Su familia llegó a Suiza sin idioma, sin diplomas, sin nada más que la voluntad de empezar de nuevo. Sus padres encontraron trabajo como operarios relojeros; Haso encontró su vocación.

Estudió en Le Locle, envió un solo currículum (a Corum) y fue contratado. De relojero pasó a responsable de calidad, luego a producción, luego a mercados internacionales. Aprendió inglés en Los Ángeles, regresó a Suiza y siguió ascendiendo.
En 2025, concretó un Management Buy‑Out histórico: la compra de Corum por parte de su propio equipo directivo. Hoy es Chairman, CEO y propietario ( en sociedad). Su historia no es solo inspiradora, es también un recordatorio de que la relojería suiza sigue siendo un territorio donde el talento, la disciplina y la visión pueden cambiar destinos.
Este nuevo capítulo para la marca relojera no es un renacer, es continuidad. Mehmedovic lo entiende muy claro, el futuro de Corum no está en romper con su pasado, sino en amplificarlo.

Su plan se sostiene en seis pilares:
- Producto con identidad. Corum vuelve a enfocarse en lo que mejor la define: Admiral, Golden Bridge, Coin y Golden Book.
- Movimientos propios. La meta es recuperar la autonomía total en diseño, producción y ensamblaje de calibres.
- Regreso a Watches & Wonders. Un escenario natural para una marca que siempre ha jugado en la primera división de la alta relojería.
- Red selectiva. De más de 300 puntos de venta a solo 70. Menos presencia, más prestigio.
- Identidad visual consolidada. La llave de Corum (“The Key of Time since 1955”) vuelve a ocupar el centro del discurso.
- Mensaje claro. Una marca joven entre casas centenarias, pero con una historia tan rica que no necesita exagerar para destacar.

Setenta años de relojería que desafía lo posible
La cronología de Corum es un desfile de ideas que parecían imposibles hasta que la Maison las hizo realidad: El Golden Bridge de 1980, un manifiesto técnico y estético. El Meteorite de 1986, con una carátula tallada en un fragmento de otro mundo. El Admiral’s Cup Tides de 1993, con complicaciones náuticas únicas. –El Bubble del 2000, que redefinió la noción de volumen en un reloj. El Ti‑Bridge de 2009, con un calibre suspendido como una estructura arquitectónica. El LAB 02 de 2020, con un tren de engranajes volante. El Golden Bridge Snake de 2024, una obra de Métiers d’Art contemporánea.
Corum no vuelve, Corum continúa
La Maison no busca recuperar un lugar perdido. Busca proteger el que siempre ha sido suyo: el de la creatividad radical, la técnica impecable y la irreverencia elegante. En un mundo donde muchas marcas se parecen entre sí, Corum sigue siendo inconfundible.
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