Desde 2004, cada reloj que sale del atelier de Greubel Forsey lleva el mismo nivel de acabado. Todos, absolutamente todos los relojes de esta marca suiza tienen un alto nivel de calidad, un sinónimo de complejidad. Cada componente, aún los que no se ven reciben el mismo tratamiento, esa es la convicción aplicada de forma consistente durante veinte años.
El Balancier QM es la primera pieza en llevar ese nivel nombrado: Qualité Musée, QM para abreviar. Se refiere a un reconocimiento formal de algo que ya existía, acompañado de investigación dedicada dentro del laboratorio EWT del atelier con el único propósito de llevarlo más lejos.

Son 33 en oro blanco de 39,60mm. Cuerda manual. Horas, minutos, pequeño segundero y reserva de marcha misteriosa de 72 horas. Se lee rápido, en realidad son años de trabajo.
Nombrar algo que ya existía
Robert Greubel y Stephen Forsey fundaron el atelier cuando el acabado a mano era una disciplina que el mercado apenas miraba de cerca, muchos ya se habían olvidado. Apostaron por ello de todas formas. Dos décadas después, el panorama cambió, el acabado a mano se convirtió en uno de los criterios más examinados en la valoración de un reloj de alta relojería.

El problema es que no todo lo que se llama acabado a mano es lo mismo. Nombrar Qualité Musée es, entre otras cosas, establecer con precisión qué significa ese estándar en términos concretos, me explico, cada componente, por sí solo, tiene que sostenerse como obra de arte. No el movimiento completo. No la pieza ensamblada. Cada componente individual.

Esa exigencia añadida sobre la base de lo que ya hacían es lo que diferencia al Balancier QM de todo lo anterior.
¿Cómo entender Qualité Musée?
Para entenderlo de manera “simple” basta con prestar atención al puente que sostiene el volante. Es una pieza de pocos milímetros de acero. Sobre esa superficie convergen siete técnicas de acabado distintas. Para, admira e imagina el trabajo sobre un componente tan pequeño.

El escape recibe el mismo nivel de atención en las partes que no se ven que en las que sí. La rueda de escape de dos niveles lleva biseles y pulidos en ambas caras. Los rubíes de la paleta son convexos en lugar de planos, lo que hace que la luz viaje a lo largo del rubí en lugar de reflejar desde un único borde. El volante de inercia variable es de fabricación propia, 12,60mm, con seis tornillos de tiempo medio en oro. Ninguno de estos detalles se queda en esta edición: la nueva geometría de la rueda de escape, los rubíes convexos, los biseles grandes y los flancos pulidos se irán incorporando progresivamente al resto de la colección.
Hagamos una pausa en el espiral
El órgano regulador guarda una distinción que no se puede ver, su espiral está fabricada completamente en el atelier, desde la materia prima. El proceso comenzó en 2012 cuando Greubel Forsey se propuso producir espirales que no podía comprar, pensaron en una aleación propia, estirada hasta convertirse en hilo del grosor de un cabello pasando por una sucesión de hileras de diamante natural, laminada a una tolerancia medida en micras, enrollada a mano y fijada en forma en un horno de vacío de precisión. Parte del equipamiento es antiguo, recuperado y restaurado, porque el oficio que sirve es más viejo que las máquinas que lo reemplazaron.

La primera espiral completamente fabricada en el atelier se realizó para el Hand Made 1 en 2019, y de nuevo para el Hand Made 2 en 2025. Con el Balancier QM empieza la extensión de esa producción a toda la colección. La justificación no es la diferenciación comercial: es que fabricar la espiral internamente es la forma más segura de garantizar, componente por componente, la calidad que llevan en el nombre.
Arquitectura en profundidad
Qualité Musée no empieza con el acabado. Empieza con la arquitectura del movimiento. El objetivo declarado, un reloj que no solo da la hora, se vive y se disfruta porque es una pieza tan interesante que vale la pena admirar desde cualquier ángulo.
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