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Omega, la Nasa y los secretos del Speedmaster



Una invitación de Omega México a periodistas especializados en relojería fue por demás placentera, Jairo Solano, Brand Manager de Omega en México y Petros Protopapas, responsable general del museo de Omega (International Brand Heritage Manager) nos dieron la bienvenida a lo que fue una invitación muy especial. Fue, la charla más enriquecedora con un personaje considerado como una biblioteca viviente de relojería que nos quitó la venda de los ojos de algunos eventos que estaban escritos como la “verdadera historia del reloj que viajó a la Luna”.

Un apasionado de la relojería suiza (y coleccionista también) que nos llevó de la mano a conocer la historia de un legendario, del Speedmaster que originalmente se lanzó (1957) como una pieza dentro de la colección Seamaster.  Fue el primero cronógrafo en lucir un taquímetro en el bisel.

Divulgó muchos secretos de la relación del Speedmaster con la Nasa, lamentablemente muchas de ellas son off the record y solo se quedará en nuestro archivo personal. Lo que podemos revelar es que el Speedmaster no se modificó ni antes ni después de ser seleccionado, fue elegido por su fiabilidad, practicidad en uso y la alta calidad que lo calificaban con la opción para viajar a la luna.

En 1962 inicia la aventura y apasionante relación entre la NASA y Omega. Walter “Wally” Schirra y Leroy Gordon “Gordo” fueron los astronautas que adquirieron sus primeros relojes de vuelo, confiaban en el modelo Speedmaster de segunda generación, con la referencia CK2998, los cronógrafos que serían parte de la hazaña de la misión espacial Mercury.

“Con la ayuda del Sr. Ragan, pudimos acceder a algunos de los archivos relacionados con la NASA por primera vez. Nos entrevistamos en la NASA y tomamos notas, sin información digital pero tuvimos la oportunidad de obtener estos documentos por primera vez en nuestras manos. El museo Omega recibió el honor de haber sido elegido para ayudar a conservar, no a restaurar, todos los Omega Speedmasters de la NASA que estaban a la mano en Washington. Lo que significa que el relojero del Museo Omega y yo tuvimos una experiencia única y pudimos adquirir nuevos conocimientos increíbles sobre estas piezas especiales”.

Tuvimos la oportunidad de apreciar algunas piezas traídas desde el Museo Omega en Biel, un verdadero agasajo para los aficionados de este reloj que sin duda está en la lista de los cinco modelos con más encanto histórico.