La corona ha sido durante siglos un gesto casi intocable y automático en el mundo de la relojería. Girarla, sentir su resistencia, ajustar la hora, era el ritual que despertaba una emoción. La corona estaba ahí, a las 3h, como siempre. Y de repente Minerva llega con este reloj y la quita. Así. Sin drama. Eso es exactamente lo que vemos en el nuevo Minerva The Unveiled Crownless.
La caja parece más limpia, más simétrica, definitivamente es el resultado de la ausencia de la corona la que genera un equilibrio visual inmediato; el reloj se percibe puro, sin esa protuberancia lateral que siempre interrumpe todo.
No solo fue quitar la corona y listo, lo que Minerva hizo fue mover toda la interacción al bisel. Detrás de esa aparente simplicidad hay una idea mucho más ambiciosa: replantear la interacción tradicional con un reloj mecánico sin sacrificar la funcionalidad.
Para Minerva no es nuevo, aunque tampoco lo publicitan lo suficiente, en 1927 ya fabricaban relojes militares con bisel funcional para pilotos que usaban guantes gruesos y necesitaban ajustar el anillo temporizador sin quitárselos. Casi un siglo después, esa lógica reaparece reinterpretada bajo un lenguaje mucho más refinado.

Tras el lanzamiento del cronógrafo Minerva Unveiled Timekeeper en 2023, controlado igualmente mediante el bisel, la firma presenta ahora su primera propuesta completamente sin corona: un reloj de tres manecillas y pequeño segundero donde toda interacción mecánica se concentra en el bisel. Sí, toda.
El sistema es más simple de lo que suena. En el reverso, metida en el marco a las 3h, hay una pequeña palanca. Hacia dentro: das cuerda girando el bisel. Hacia fuera: ajustas la hora con el mismo gesto. Y listo. Así de simple.
Para que esto funcionara bien, desarrollaron el calibre M15.08 desde cero. Movimiento manual, fabricado en Villeret, 139 piezas, 33.3 mm de diámetro, 4.07 mm de altura. Con 18,000 alternancias por hora va pausado, lo sé, pero eso le da 80 horas de reserva de marcha que para un reloj de este tipo es perfectamente razonable. Además, la baja frecuencia no es aquí una limitación, sino una declaración de carácter. Late con una cadencia pausada, tradicional, casi contemplativa.

Por el fondo de zafiro se ve todo. Puentes curvos de alpaca rodiada con Côtes de Genève, biselados hechos a mano, tren de ruedas chapado en oro. Y el regulador en forma de la famosa flecha Minerva, que no es decoración: es seña de identidad desde hace más de cien años. La platina decorada por ambas caras dice mucho del nivel de trabajo. Nadie decora lo que no se va a ver a menos que lo haga por convicción.
La caja es 41.5 mm en acero con detalles en oro rosa Au750. El bisel estriado bidireccional lleva ese oro y es lo que le da carácter al conjunto. Grosor de casi 12 mm, que para lo que carga dentro está bien. Las asas bajan bien hacia la muñeca, las superficies alternas entre pulido y satinado sin resultar recargado. Sin la corona, el perfil tiene una coherencia que no es fácil de lograr en este tipo de cajas.
La carátula está sacada de un Minerva de los años 50. Centro con textura opalina en tono dorado, anillo exterior con guilloché e índices facetados aplicados. El segundero pequeño a las 6 equilibra bien el espacio frente al numeral 12 y el logotipo vintage arriba. Todo en la misma paleta: oro amarillo en agujas e índices, la inscripción «Depuis 1858» en la carrura, el bisel estriado. Nada fuera de lugar. Las agujas biseladas se leen bien incluso con poca luz.
Viene con correa de caimán verde oscuro semimate. El verde funciona mejor de lo que esperaba con el oro rosa. El cierre desplegable nuevo tiene la flecha grabada y sistema de ajuste de precisión. Bien resuelto, ¿qué piensas?
Y la caja de presentación tiene apertura secreta, revestimiento de nogal y grabados de la manufactura. Podría parecer exceso, pero cuando llevas años en esto sabes que los detalles de presentación dicen mucho de cómo una marca se toma en serio su propio trabajo.
Sígueme en mis redes sociales:



