Cuando Louis Ulysse Chopard fundó sus talleres en 1860, eligió la colmena como emblema. Podría parecer un adorno, en realidad era una declaración sobre cómo entendía el trabajo, una estructura donde cada persona contribuye a un todo que ninguna podría construir sola, donde la precisión y el esfuerzo colectivo producen algo que dura. Hoy, vemos una obra de arte que rinde homenaje a una clara visión.
Ese motivo apareció grabado en los puentes de sus relojes de bolsillo, en las cajas con tapa abatible, en los detalles que solo veían quienes sabían mirarlo.
Ciento treinta y cinco años después, cuando Karl Friedrich Scheufele fundó Chopard Manufacture en Fleurier en 1996, recuperó ese símbolo con plena conciencia de lo que representaba. Y en 2026, para celebrar los treinta años de esa manufactura, la marca relojera presenta el Reloj de Mesa Colmena, se trata de diez piezas, dos años de desarrollo, un martillo dorado que golpea un cristal para tocar las horas y tres abejas de oro engastadas con zafiros amarillos, diamantes negros y espinelas que no son solo decoración, son totalmente funcionales. Dos de ellas señalan la hora con el aguijón.

Treinta años en la manufactura es el momento de hacer balance, pero Chopard no lo hizo con una retrospectiva ni con una edición especial de un reloj de catálogo. Lo hizo con un objeto que es simultáneamente símbolo, instrumento mecánico y obra artística.
Los siete niveles de anillos redondeados de cristal de borosilicato que dan forma al objeto evocan las colmenas artesanales en cesta invertida de la apicultura medieval europea, no se trata de la geometría perfecta de los alveolos de una colmena natural sino la forma irregular y única de algo hecho a mano por un artesano. Es una referencia que quien la conozca va a reconocer y que quien no la conozca va a encontrar hermosa de todas formas.
La base de acero galvanizado y las platinas de latón del movimiento van doradas, evocando la miel. El cristal de borosilicato se eligió por su claridad excepcional, su resistencia térmica y su dureza. Las indicaciones de horas y minutos están grabadas en la cara interna de los anillos, con acabado mate para garantizar la legibilidad, preservando la pureza de la superficie exterior.
El objeto mide 25,8 centímetros de altura y 16,5 centímetros de diámetro en su punto más ancho.
Las tres abejas y lo que representan
Tres abejas de oro amarillo ético de 18 quilates adornan el exterior del reloj, cada una representando una de las generaciones de la familia Scheufele. Están elaboradas en el taller de Alta Joyería de Chopard en Ginebra mediante la técnica de fundición a la cera perdida, retocadas a mano y engastadas con hileras alternas de zafiros amarillos (6,45 quilates) y diamantes negros (6,29 quilates) que forman las franjas del cuerpo, y espinelas negras (3,06 quilates) para los ojos.

Las alas son de cristal de roca, un mineral natural elegido deliberadamente por su conexión con la Palma de Oro del Festival de Cannes, que el mismo taller fabrica desde 1998. Las nervaduras de las alas llevan brillantes engastados.
El Reloj de Mesa Colmena rinde homenaje a nuestro relanzamiento de la producción integrada de movimientos en 1996. También hace referencia al logotipo original utilizado por Louis Ulysse Chopard tras la fundación de los talleres en 1860, que simboliza el trabajo, la precisión y la dedicación. Por último, este reloj nos recuerda el papel esencial que desempeñan las abejas en nuestro ecosistema», Karl Friedrich Scheufele.

Y aquí viene el detalle que convierte a estas abejas de piezas de joyería en componentes del reloj, dos de ellas están posicionadas de modo que su aguijón sirve como referencia para leer las horas y los minutos en los anillos giratorios de cristal. La tercera abeja, cerca de la parte superior, apunta con la cabeza hacia el modo de sonería activo en el selector.
Cómo suena una colmena
El nivel superior del reloj, realizado en forma de pequeña campana, es el timbre. Cuando el mecanismo toca la hora, un martillo dorado golpea su superficie interior y el cristal resuena. Esto no era sencillo de conseguir, y Chopard no lo dejó al azar.
La manufactura trabajó con la HEPIA, la Escuela Superior de Paisajismo, Ingeniería y Arquitectura de Ginebra, para realizar un análisis científico exhaustivo de las propiedades acústicas del cristal de borosilicato en comparación con el zafiro, el material que habitualmente usa Chopard en sus repeticiones de minutos L.U.C. El equipo estudió cómo las variaciones geométricas de la campana afectan a la respuesta de frecuencia y los modos de vibración. El objetivo era reproducir con la mayor fidelidad posible el sonido cristalino que es el sello de los relojes con sonería L.U.C, conseguido en esos relojes mediante el sistema patentado de zafiro monobloque donde los timbres y el cristal son una sola pieza.

El resultado de ese trabajo se oye cuando el reloj suena. No es un timbre metálico convencional. Es un sonido con cuerpo y claridad que sí recuerda a los mejores relojes con sonería de la casa.
Los modos de sonería y el uso cotidiano
El selector tiene tres posiciones indicadas cerca de la abeja superior: activo (ON), silencioso (OFF) y a demanda (DEM). En el modo activo, el reloj toca automáticamente el número de horas en punto y una vez a la media hora. En modo silencioso, la sonería está completamente desactivada. En ambos modos, el selector puede girarse manualmente para activar la sonería a demanda, indicando el número de horas en curso y volviendo instantáneamente a la posición anterior gracias a un resorte.
La hora se ajusta girando manualmente el anillo de los minutos. El segmento de los minutos y el de la carga llevan ruedas dentadas discretas que mejoran el agarre sin marcar el cristal.
El movimiento tiene doble barrilete: girando la corona en sentido horario se carga el barrilete de la función horaria, en sentido contrario el de la sonería. Con sonería activa, cada barrilete ofrece ocho días de autonomía. Con la sonería en modo silencioso y activada solo a demanda, la carga completa permite hasta 1.440 sonidos (120 veces doce golpes).
Más de dos años de desarrollo entre dos manufacturas
El Reloj de Mesa Colmena es el resultado de la colaboración entre Chopard Manufacture y L’Épée 1839, la única manufactura suiza especializada en relojes con complicaciones, fundada en 1839 por Auguste L’Epée. Es una casa con más de 185 años de historia en la fabricación de relojes mecánicos de alta gama que desde el siglo XIX suministró escapes y reguladores a los relojeros más prestigiosos, y que hoy diseña y fabrica íntegramente sus creaciones.
El proyecto planteó un desafío técnico que ninguna de las dos manufacturas había afrontado antes en los mismos términos: usar el cristal simultáneamente como elemento estructural y acústico en un mecanismo de sonería. Eso requirió más de dos años de desarrollo, nuevos enfoques de fabricación y un intercambio de conocimientos que enriqueció a ambas partes.
El Reloj de Mesa Colmena está limitado a diez piezas y disponible exclusivamente en boutiques Chopard.
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