Hay marcas que se acuerdan de México, Chopard lo hace desde hace 13 años seguidos volviendo a la misma cita. Para mí esa constancia dice más que cualquier discurso. Chopard presenta el L.U.C Full Strike «Día de los Muertos» Edition 13, la ocasión que ha encontrado la casa relojera para celebrar una fuerte identidad mexicana con una de las fiestas más queridas, justo cuando se acerca el momento de poner ofrendas.
Es una pieza única, y cuando uno la mira de cerca se entiende por qué

La calavera
La carátula es de oro rosa ético de 18 quilates y representa uno de los símbolos más reconocibles de la tradición: la calavera. Chopard la describe como un cráneo estilizado que lleva el espíritu festivo con que México celebra el ciclo de la vida. Recuerda lo efímero de la existencia y celebra, a la vez, el valor del tiempo que pasa. No encuentro una idea más adecuada para un reloj.
Para construirla, los artesanos del taller de Oficios artísticos usaron por primera vez en la Casa la marquetería de cáscara de huevo, combinada con una marquetería de paja de un azul intenso. Son dos oficios que trabajan con materiales tan frágiles como difíciles de dominar.
Una sola persona la realizó, durante 160 horas. Reúne más de 70 fragmentos de paja de centeno, cultivada en Francia, cortados y tallados a mano y dispuestos en distintos calibres y orientaciones para dibujar los contornos del cráneo. Sus fibras naturales juegan con la luz de un modo que ninguna pintura logra.
La cáscara de huevo se usa en las órbitas de los ojos y en los dientes. Se elige por los matices sutiles de su color, y cada pieza se limpia, se seca y se corta a mano, para ensamblarla fragmento a fragmento. Después se lacan y se pulen hasta lograr una superficie perfectamente uniforme. Alrededor de las órbitas el artesano creó un degradé: deja ver mejor el fondo de laca negra en el centro, mientras la densidad de la cáscara aumenta hacia afuera.
El bigote es de oro grabado a mano con motivo satinado y lleva en relieve el logotipo de L.U.Chopard. En el contorno de la carátula, un grabado a mano perfila la calavera con un acabado que evoca las vetas de la paja, y ese grabado continúa por el bisel, la carrura y la corona. Me encanta que el trabajo no termine donde empieza el cristal.
La caja
Es de oro rosa ético de 18 quilates, con 42,50 mm de diámetro y 11,55 mm de grosor. La corona mide 8,80 mm y también está grabada a mano, igual que el bisel y la carrura. El cristal es de zafiro antirreflectante, con una vía férrea grabada sobre él. El fondo es abierto, pulido y grabado a mano. Las manecillas son doradas tipo fusée para horas y minutos, y tipo dauphine para los indicadores de reserva de marcha.
El sonido
Aquí entra lo que más me emociona de este reloj. El corazón es el calibre L.U.C 08.01-L, el primer movimiento de repetición de minutos diseñado íntegramente por Chopard Manufacture. Se presentó en 2016 con el L.U.C Full Strike, que ganó la Aguja de Oro en el Grand Prix d’Horlogerie de Genève en 2017.
Su secreto está en el zafiro. El cristal y los timbres forman una sola pieza, sin tornillos, sin soldadura ni cola, y esa construcción patentada convierte el cristal en resonador. El sonido que produce es de una pureza y una claridad excepcionales.
Para esta edición, los martillos, el puente de los rochetes y el tambor del regulador de inercia llevan un tratamiento CVD azul que hace juego con la paja de la carátula. Son cinco patentes en total, entre ellas un mecanismo que evita los silencios innecesarios entre horas, cuartos y minutos, para que se sucedan con fluidez.
533 componentes, 63 rubíes, 37,20 mm de diámetro, 7,97 mm de grosor, 28 800 alternancias por hora (4 Hz) y 60 horas de reserva de marcha. La espiral lleva curva terminal Phillips, la platina y los puentes son de alpaca sin tratar, y los puentes están decorados con Côtes de Genève. Tiene el Punzón de Ginebra. Las reservas del reloj y de la sonería se leen en una visualización concéntrica a las 2h.
















