El Admiral se pone de cerámica, una decisión acertada por parte de Corum. Un reloj que nació en 1960 y en 1983 se reinventó en el diseño que todos reconocemos, con ese carácter náutico que nunca ha perdido. Tres nuevos Admiral, y por primera vez en la colección, cerámica.
Por qué la cerámica tiene sentido y propósito aquí
Es un material exigente, y lo digo en el mejor sentido. Es muy duro y resiste de forma notable los rayones. Pesa menos que el acero. No se corroe, no se oxida y su color no cambia con el tiempo. Para un reloj con espíritu deportivo, esa lista de virtudes me parece una conversación más que natural.
Haso Mehmedovic, Chairman & CEO de Corum, lo resume así: “La cerámica aporta al Admiral todo el rendimiento de un material contemporáneo. Es un material exigente, que no perdona.” Y añade que estos tres relojes encarnan lo que Corum está volviendo a ser: una manufactura de precisión, fiel a su herencia.
Esta entrega es la continuación de un camino que empezó en abril de 2026, cuando Corum repensó el lenguaje de su icono. Los banderines, símbolos históricos de la colección, se integraron en un diseño de índices trapezoidales. Llegó un movimiento totalmente propio y, algo que nunca había ocurrido en la historia del modelo, un brazalete integrado.
La cerámica lo vuelve más ligero en la muñeca que los Admiral originales de acero y mucho más resistente a los rayones, sin renunciar a la elegancia.
Se presenta en tres versiones:
- Azul titanio. La primera de las tres.
- Bicolor. Cerámica enriquecida con oro 5N.
- Esqueletizada. Vestida de cerámica antracita, con un carácter más urbano.

Un calibre hecho con Concepto
La caja de 39 mm y 8,90 mm de grosor aloja un calibre desarrollado íntegramente con Concepto, la manufactura de movimientos propiedad de Corum. Hay dos versiones: el CO231 y su variante esqueletizada, el CO232. Ambos son automáticos, laten a 4 Hz (28.800 alternancias por hora) y ofrecen 72 horas de reserva de marcha, es decir, tres días completos.
A través del fondo de zafiro se aprecia una decoración cuidada con superficies satinadas y cepilladas, biseles pulidos y platina granulada. El rotor es dorado y granulado, lleva grabada la frase “The Key of Time Since 1955” y la llave Corum al centro.
En la versión esqueletizada, el movimiento calado se combina con una lectura simple de horas, minutos y segundos. Me gusta esa decisión, una carátula queda limpia y la luz juega con la arquitectura del calibre.
El brazalete que ya no necesita asas
Al no tener asas, el brazalete fluye desde la caja sin interrupciones. Sus cinco eslabones forman un equilibrio preciso, uno central satinado y cepillado, enmarcado por dos pulidos y bordeado por dos más finos, también satinados y cepillados.
Ese juego de proporciones y acabados le da una presencia muy suya. Según la versión, el brazalete es de cerámica y titanio grado 5, de cerámica y oro 5N, o completamente de cerámica. La resistencia al agua es de 50 metros.
Lo que me deja pensando es que el Admiral ya era un reloj con identidad, y que ahora la cerámica le añade un material que dura.
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