Antes de entrar a la boutique renovada vas a ver algo, nunca podrá pasar desapercibido, se trata de una figura de astronauta de 1.90 metros de altura, en realidad es una manifestación del ADN de Omega y su exploración espacial que lleva décadas siendo la misma conversación, y en una boutique renovada esa relación merece estar presente desde el primer segundo de la visita.

El Speedmaster fue el primer reloj usado en la Luna. Un evento que determinó el rumbo de la casa relojera, un hecho documentado que ocurrió en julio de 1969 y que desde entonces ha cautivado un público fiel a esta historia. La figura del astronauta a la entrada de la boutique de Polanco no explica ese legado, lo evoca, y cualquiera que lo reconozca sabe exactamente dónde está parado.

Esta semana con invitado como la prensa, clientes e invitados especiales, Omega celebró la reinauguración de su boutique en El Palacio de Hierro Polanco. Diego Boneta y Karla Souza realizaron el corte de listón junto a Nino Aloisi, Brand Manager de OMEGA México y Edgar Embriz, Country Manager en Swatch Group México. Una reinauguración que no es solo un cambio de decoración, es un festejo y confirmación de la confianza de la firma suiza en México y el fortalecimiento de su relación con uno de los principales espacios de lujo de la capital.

Una boutique que resguarda un legado
El espacio renovado tiene 110 metros cuadrados con un diseño que sigue la propuesta estética que Omega muestra en sus boutiques alrededor del mundo, adaptada al contexto específico de esta ubicación en Polanco.

Los revestimientos de madera, los tonos neutros y los acentos dorados crean un ambiente cálido donde la iluminación hace el trabajo específico de destacar cada pieza y permitir que sus detalles sean apreciados de cerca.

El área central conecta las zonas de exhibición con el espacio de venta de una forma que invita a recorrer las colecciones sin que el tránsito entre una zona y otra resulte forzado. Sobre las repisas conviven las figuras del hipocampo asociado al Seamaster, la colección deportiva más reconocida de la marca, con elementos decorativos inspirados en agujas y engranajes de reloj. Son guiños que incorporan la historia de Omega a la decoración.

La historia está ahí para quien la reconoce, y el espacio funciona igualmente para quien llega sin conocerla.

Los visitantes pueden observar de cerca los acabados, probar distintos modelos y conocer las características que distinguen a cada colección de primera mano. En una boutique con este nivel de curaduría, esa experiencia directa con los relojes tiene un valor.

Con esta reinauguración, Omega abre un nuevo capítulo en Polanco en un espacio que fue pensado para el encuentro real con quienes comparten la pasión por la relojería.
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