En Newport, Rhode Island un cronógrafo de Glashütte no necesita ninguna presentación. El lugar que fue sede de la primera carrera en circuito de la historia del automovilismo americano, y ese legado sigue presente en la forma en que la ciudad se relaciona con los automóviles y con los instrumentos que se usan para medirlos.
A.Lange & Söhne presentó el Audrain Newport Concours d’Elegance en su nueva sede, Fort Adams, la mayor fortificación costera de los Estados Unidos, cuyo nombre rinde homenaje al presidente John Adams. El escenario era nuevo pero la ambición no: 185 automóviles compitiendo por los máximos honores del evento, en lo que resultó ser la edición con mayor número de piezas en el campo de toda la historia del concours.
Cuatro años y una relación que creció bien
La manufactura sajona lleva cuatro años vinculada al Audrain Concours d’Elegance, y antes de Newport ya acumulaba quince años patrocinando el Concorso d’Eleganza Villa d’Este en las orillas del Lago de Como, y nueve años de colaboración con el Concours of Elegance en el Palacio de Hampton Court en el Reino Unido. No es una estrategia de visibilidad por saturación: es una selección cuidadosa de eventos que comparten con la manufactura algo más que el perfil de audiencia.
«No hay atajos hacia la excelencia», dijo Wilhelm Schmid, CEO de A. Lange & Söhne, durante el evento. «El hecho de que tantos de estos automóviles sean igual de atractivos hoy que en el momento en que se lanzaron, hace 60 o más años, cuenta la historia de diseñadores, ingenieros y propietarios cuya combinación de habilidad, dedicación al oficio y pasión creó algo más que un simple automóvil.»
Schmid estuvo presente para entregar personalmente el Vanderbilt Cup al Best of Show, el mayor reconocimiento del concours. La pieza ganadora fue un Delahaye 165 Figoni et Falaschi Cabriolet de 1938 de la Pearl Collection, un automóvil cuya carrocería diseñada por Joseph Figoni para el chasis Delahaye es uno de los ejemplos más puros de la era dorada del diseño automovilístico francés. También entregó los premios de las categorías «30 Under 30» y «Timeless Luxury», dos categorías que en el contexto de Lange tienen una resonancia específica: la manufactura sajona lleva casi 180 años demostrando que lo atemporal no es lo que no envejece sino lo que se construye con la convicción suficiente para que el tiempo le dé la razón.
La galería de cronógrafos y lo que significa llevarla a un concours
La presencia de A. Lange & Söhne en el Audrain no se limitó a la entrega de premios. La manufactura montó una galería donde los asistentes pudieron descubrir la colección completa de cronógrafos de la casa: trece modelos desde 1999, con el DATOGRAPH como referencia clásica y el TRIPLE SPLIT en platino 950 como la pieza más reciente y técnicamente más ambiciosa del grupo.
El TRIPLE SPLIT merece una mención específica porque lo que hace no es sencillo de encontrar en ningún otro reloj del mercado: permite medir tiempos intermedios y tiempos comparativos durante un período de hasta doce horas. Eso significa que puede comparar simultáneamente el rendimiento de dos sujetos en la misma prueba durante un período largo, con una precisión que ningún cronógrafo convencional puede ofrecer. En el contexto de un concours de automóviles donde la medición del rendimiento tiene historia propia en esa ciudad, presentarlo ahí tenía toda la lógica.
Pero quizás el momento más íntimo de la jornada fue la demostración en vivo de un grabador de la manufactura de Glashütte. Los balancines grabados a mano son una de las firmas visuales más reconocibles de la producción de A. Lange & Söhne, una tradición de la relojería sajona que se remonta a mediados del siglo XIX y que hoy los grabadores de la manufactura continúan pieza a pieza, con buril y microscopio, exactamente como se hacía cuando Ferdinand Adolph Lange fundó la manufactura en 1845.
Ver ese proceso en vivo, junto a automóviles que representan lo mejor del diseño y la ingeniería mecánica de los últimos cien años, es el tipo de experiencia que hace que las palabras «artesanía» y «patrimonio» dejen de ser abstractas.

Lo que conecta un Delahaye de 1938 con un cronógrafo de Glashütte
La pregunta que vale la pena hacer, y que el propio Schmid responde implícitamente en sus palabras, es por qué un automóvil de 1938 sigue siendo más atractivo que la mayoría de los autos que se fabrican hoy. La respuesta no está en la tecnología, que evidentemente ha avanzado en casi un siglo. Está en la intención: esos autos fueron diseñados por personas que no estaban pensando en si seguirían siendo relevantes en décadas. Estaban pensando en hacerlo bien, completamente, sin concesiones a lo que era fácil o económico.
A. Lange & Söhne opera con la misma convicción. La manufactura produce solo unos pocos miles de relojes al año, exclusivamente en oro o platino, con movimientos íntegramente manufacturados y terminados a mano. No hay volumen que diluya la atención al detalle. No hay urgencia que obligue a aceptar menos de lo que el estándar exige.
Por eso el cronógrafo de Glashütte se siente en su hábitat natural en Newport. No porque los automóviles y los relojes compartan una función similar, sino porque comparten un principio: que la excelencia, cuando se persigue con suficiente convicción, produce objetos que el tiempo no puede volver irrelevantes.
El próximo año, Fort Adams volverá a recibir el Audrain Concours. Y A. Lange & Söhne, casi con certeza, estará ahí.
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