Cuando Berger y Arnold & Son decidieron conmemorar juntos el décimo aniversario de Berger Private Experience, la pregunta obvia era qué tipo de pieza podía estar a la altura del momento, el exclusivo reloj Globetrotter Steel Mexico Edition habla por sí solo.
La respuesta que encontraron es la más específica posible, un reloj donde México no es el destino del reloj sino parte del reloj, así, literalmente. Ahora te explico por qué. El territorio nacional aparece en el mapamundi del hemisferio norte tratado con Super-LumiNova verde, invisible de día y luminoso de noche. Cinco piezas. Solo para Berger en México.
El Globetrotter Steel Mexico Edition es el resultado de esa conversación, y para entender por qué tiene el peso que tiene hay que saber de dónde viene la colección Globetrotter.

John Arnold, un visionario navegante
En el siglo XVIII, calcular la longitud en el mar era el problema de navegación más urgente del mundo. Los barcos podían saber exactamente en qué latitud estaban, pero la longitud requería comparar la hora local con la hora de un meridiano de referencia, y para eso necesitaban un instrumento que pudiera mantener la hora con precisión durante semanas de navegación en condiciones adversas.
John Arnold fue uno de los relojeros que hicieron posible esa solución, ¿cómo lo hizo? Sus cronómetros marinos acompañaron a la Marina Británica en el cálculo preciso de la longitud y, por extensión, en la exploración del mundo.
Arnold & Son, que lleva el nombre de ese legado, creó la colección Globetrotter como un homenaje a esa historia. El gran puente arqueado que atraviesa el mapamundi del hemisferio norte no es un detalle decorativo, ahí encontramos la firma conceptual de toda la colección, la referencia directa a un instrumento que en su época era tan importante para navegar el mundo como hoy lo puede ser un GPS.
Que esa colección llegue ahora a México, con el territorio nacional iluminado en verde sobre el mapa, es un halago para los coleccionistas.
El puente y lo que significa construirlo
El arco de acero que atraviesa la carátula del Globetrotter es el elemento más inmediatamente reconocible de la pieza y también el más difícil de fabricar. Calado y satinado en sus superficies planas, con biseles angulados pulidos a mano, descansa sobre soportes atornillados y se extiende de un extremo al otro de la carátula formando un puente escultórico sobre el hemisferio norte. La cúpula de cristal de zafiro que protege la carátula crea una continuidad visual desde la correa hasta el cristal que hace que el conjunto parezca una sola forma continua.

Para la edición mexicana, esa arquitectura enmarca una carátula de madre perla con degradado en tonos azules. La madre perla tiene ese comportamiento óptico específico que ningún material artificial puede replicar exactamente, cambia de tono según el ángulo de la luz, tiene profundidad real, tiene vida propia. Sobre ese fondo, las aplicaciones tridimensionales en oro de 18 quilates rodiado añaden el calor que el azul y el acero necesitan para no quedar fríos.
Y después está México. Tratado con Super-LumiNova verde sobre el mapamundi, el territorio emerge en la oscuridad con una presencia que de día no existe pero que de noche dice exactamente para quién es esta pieza.

Las manecillas de horas y minutos reciben el mismo tratamiento luminiscente, estableciendo un diálogo visual con el mapa que funciona tanto en la claridad como en la oscuridad.
La caja
Se propone con una caja de 45mm de diámetro en acero inoxidable. Es una caja grande, y tiene que serlo para lucir el hemisferio norte ya que necesita ese espacio para aparecer con el nivel de detalle que distingue al Globetrotter. América, Europa, Asia y África están representados con una precisión que en un diámetro más pequeño habría requerido sacrificios que Arnold & Son no estaba dispuesta a hacer.
La caja tiene esas líneas armoniosas y fluidas que la manufactura de La Chaux-de-Fonds trabaja con particular atención, si lo percibes, no hay ángulos agresivos, no hay transiciones bruscas entre la caja y la correa, no hay nada que interrumpa la lectura del conjunto como un objeto completo, hay coherencia de principio a fin.
Dentro late el calibre automático A&S6022, íntegramente concebido, fabricado, decorado, ensamblado y ajustado en los talleres de Arnold & Son. La masa oscilante esqueletizada lleva grabado guilloché Clous de Paris y tratamiento NAC que armoniza con las tonalidades antracita del movimiento.

Los acabados son los que Arnold & Son aplica en toda su gama: platina perlada, puentes con Côtes de Genève radiales, ruedas satinadas, tornillos biselados y pulidos a mano. No son acabados que se ven en las fotografías de prensa. Son los que se aprecian cuando uno gira el reloj y mira a través del fondo.
En el fondo hay un homenaje
El fondo de la caja lleva grabado «BERGER PRIVATE EXPERIENCE – 10TH ANNIVERSARY». Es la única inscripción que hace explícita la razón de existir de esta edición, y está exactamente donde tiene que estar: en el lugar más privado del reloj, el que solo ve quien lo lleva cuando lo sostiene con las dos manos.
Cada pieza se presenta en estuche Prestige con funda de viaje de piel, lupa y paño Selvyt. Las dos opciones de correa de piel de caimán cosida a mano, azul con forro rosa frambuesa o verde con interior rojo, completan una pieza que en cada detalle tiene una razón de ser.
Cinco ejemplares. EXCLUSIVAMENTE PARA BERGER JOYEROS. Disponibles a través de las tiendas Berger en Ciudad de México.
