La nueva serie Krayon PAC‑MAN, limitada a solo 15 piezas únicas en platino, nace desde la técnica y la emoción. Un reloj -ya agotado en México- no pide permiso para ser, para jugar y sin renunciar a la seriedad mecánica que ha convertido a Krayon en una de las manufacturas más respetadas de la relojería contemporánea.
Lo que podría haber sido un simple guiño nostálgico se convierte aquí en una declaración artística, si, efectivamente pudiera parecer “juguetón” sin embargo, ha sido ejecutado con absoluto rigor, con los estándares de calidad de la marca independiente que ha sabido colocarse entre las mejores. Hoy lo hace con la libertad de un recuerdo infantil que se sostiene por la precisión de un calibre excepcional.
“Estamos profundamente comprometidos con crear relojes diseñados para perdurar y trascender las modas”, Rémi Maillat.
La historia detrás de esta pieza es tan íntima como inesperada. Fei Hou y Rémi Maillat -pareja en la vida y en la creación- pertenecen a la generación PAC‑MAN, pero crecieron en mundos distintos. Él, en Suiza, descubrió el juego en salas recreativas llenas de ruido y energía. Ella, en Pekín, lo vivió en silencio, frente a su primera computadora, en una experiencia casi meditativa.
Ese recuerdo compartido se convierte ahora en un reloj que celebra un momento en sus vidas, la alegría, la magia y la inocencia del tiempo. Un reloj que no teme sonreír.

PAC‑MAN como complicación astronómica
La genialidad de esta serie está en cómo Krayon integra el universo PAC‑MAN dentro de su complicación más emblemática: Anywhere, el movimiento capaz de indicar la hora del amanecer y atardecer en cualquier punto del planeta.
La idea surgió de una intuición luminosa: “¿Y si el pequeño sol en Anywhere se convirtiera en PAC‑MAN?”.
A partir de ahí, todo encajó con una naturalidad sorprendente:
- PAC‑MAN se convierte en el indicador día/noche, avanzando alrededor de la esfera como el sol.
- Los puntos, frutas y fantasmas aparecen según los horarios de salida y puesta del sol del lugar elegido.
- La “gran galleta” marca el atardecer: cuando PAC‑MAN llega a ella, comienza la noche.
- A medianoche, los fantasmas se vuelven azules -como en el juego- antes de recuperar sus colores al amanecer.
- La dirección de sus ojos indica la posición del amanecer, un detalle tan poético como técnico.
En los equinoccios, la carátula se vuelve perfectamente simétrica: doce horas de día, doce de noche. Un equilibrio natural que se siente casi coreográfico.

La carátula -estás obligado a disfrutar- es una obra de Métiers d’Art. Krayon decidió volver al origen. Sobre un fondo de ónix pulido, profundo como la noche, se despliega un laberinto translúcido que solo aparece cuando la luz lo toca en el ángulo correcto. Es un gesto íntimo, casi secreto, reservado para quien lo lleva.
“Lo que más recuerdo es cómo se olvidaba completamente del tiempo… Era una felicidad tan simple y pura. El tiempo se sentía como un viaje, no solo un número”, Fei Hou.
Los fantasmas y las frutas están pintados a mano, uno por uno. Y aquí ocurre algo maravilloso: cada pieza es distinta. La posición de los personajes cambia, los tonos varían, algunos fantasmas tienen cuatro patas, otros tres.
La caja está realizada en platino PT950 con 39 mm de diámetro, por cierto, Krayon reserva este metal para sus proyectos más prestigiosos, y aquí funciona como un recordatorio de que el juego también puede ser arte.
Animado por el calibre C030 con una autonomía de 72 horas de reserva de marcha y arquitectura funcional patentada, es una obra maestra de micromecánica. La complicación de amanecer y atardecer, el calendario sencillo y la pantalla de 24 horas conviven con una fluidez que parece inevitable.
Sígueme en mis redes sociales:











