Confieso que me gustan los relojes que me hacen mirar dos veces. Los que, antes de saber qué hora es, me obligan a preguntarme dónde está el truco. El Kubera Series 1 de Hautlence es uno de ellos. Un reloj sin manecillas con una estética diferente y claramente con la garantía de una marca de relojes independiente como Hautlence.
La hora aparece en una ventana y salta de golpe cada sesenta minutos. Los minutos los marca un cursor que recorre el borde de la carátula, guiado por una pista escondida bajo la superficie. Es una forma de leer el tiempo que no se parece a la de casi ningún otro reloj.

La marca de relojes que siempre ha buscado otra forma de mostrar la hora
Hautlence nació en 2004, y su nombre es un anagrama de Neuchâtel, una manera de rendir homenaje a la cuna del arte relojero. Desde entonces ha explorado maneras alternativas de mostrar el tiempo. En 2022 abrió un nuevo capítulo, con un enfoque más contemporáneo y deportivo, una estructura renovada y una red de distribución más exclusiva.
Produce alrededor de 200 piezas al año, y cuenta con diez calibres diseñados y desarrollados en casa, además de algunos movimientos de socios externos para ciertas colecciones. Detrás está el respaldo de MELB Holding, un grupo relojero familiar independiente.

¿De dónde viene el nombre de Kubera?
La colección toma su nombre de Kubera, el dios de la riqueza y guardián de los tesoros subterráneos en la mitología hindú, asociado con la tierra, las montañas y los minerales preciosos. Aprecio su lógica, un reloj de superficies esculpidas y texturas ricas que evoca las capas y los contornos de un material moldeado por el tiempo.
La inspiración formal viene del cubismo y de su manera fragmentada de entender la forma. En el Kubera se nota. La caja realizada en acero se construye en niveles sucesivos, como escalones que esculpen la luz y le dan presencia tridimensional. El resultado es una silueta casi monolítica. Cada superficie refleja la luz de una manera distinta, y por eso el reloj parece distinto según desde dónde lo mires.

La caja y el brazalete
Una caja de 36,0 x 43,8 mm y 11,3 mm de grosor, con cristal de zafiro rectangular, biselado, extraduro y con tratamiento antirreflejos. La corona lleva el logotipo HAUTLENCE grabado. En el fondo, un cristal de zafiro deja ver el movimiento y lleva grabado “HAUTLENCE”, “5 ATM” y “Suisse”. La resistencia al agua es de 50 metros.
El brazalete de acero es la continuación natural de la caja y parece tallado del mismo bloque. Sus eslabones caen en cascada, como una secuencia geométrica de formas articuladas que van reduciendo su tamaño para dar continuidad visual y un ajuste suave. El cierre desplegable tiene microajuste y el brazalete es intercambiable con sistema de cambio rápido.

La carátula
Una base de latón con laca verde oliva, de tono profundo, y una superficie estructurada que forma un relieve geométrico sutil. Un reloj que es capaz de atrapar la luz sin perder su pureza gráfica. Sobre ese fondo, la hora saltante y el cursor turquesa sobre su riel son, para mí, el centro del reloj.
El corazón
Animado por un movimiento automático Lajoux-Perret B60, con un escape antimagnético que se estrena en Hautlence. El módulo de hora saltante y minutos periféricos lo desarrolló Agenhor en colaboración con la casa. Es la parte que reemplaza a las manecillas y convierte la lectura en un hecho dinámico.

Referencia FB60-ST00, 244 componentes, 28 rubíes, 28.800 alternancias por hora y una reserva de marcha de 70 horas como mínimo.
Definitivamente Hautlence apuesta aquí por una relojería guiada por el diseño y por una manera inédita de mostrar el tiempo. Es un reloj pensado para quienes buscan algo más allá de la lectura tradicional. A mí me gusta que sea un objeto que invita a tocarlo, girarlo y explorarlo, eso que sucede cuando la emoción se adelanta a un explicación.

