Hay lugares que llevan décadas siendo extraordinarios sin que casi nadie lo sepa, sin duda la Costa Este de Baja California Sur es uno de ellos. El Mar de Cortés que la bordea, ese cuerpo de agua al que Jacques Cousteau llamó el acuario del mundo, tiene una riqueza submarina que los grandes destinos de buceo del planeta envidiarían, y un paisaje costero donde el desierto llega hasta el agua sin que ninguno de los dos ceda terreno fácilmente. Amanvari, el primer resort de la marca en México.
El nombre lo dice antes que cualquier descripción. Amanvari une en sánscrito las palabras para paz y agua. Eso es lo que hay cuando se llega: paz real, no la versión decorativa que algunos resorts llaman así, y agua en todas sus formas posibles, el mar, el estuario, la alberca privada en la terraza de cada Casita.
Que Aman haya elegido la Costa Este de Baja California Sur para su debut en México no es casual ni oportunista. La comunidad privada de Costa Palmas, donde se ubica el resort, tiene todo lo que la marca ha buscado siempre, un entorno extraordinario relativamente inexplorado, espacio suficiente para crear privacidad estructural y una naturaleza lo bastante imponente para que la arquitectura tenga que responderle en lugar de ignorarla.
Elastic Architects diseñó el resort con una premisa que pocas veces se cumple tan cabalmente: la arquitectura como respuesta al lugar, no como imposición sobre él. El recorrido desde la llegada hasta la laguna central y la playa sigue la lógica del terreno. El contraste entre el desierto y el agua no fue un problema de diseño a resolver sino el principio organizador de todo. El concreto blanco aparente, aplicado a mano por maestros artesanos locales, dialoga con la aridez del entorno de una forma que el mármol importado nunca podría. La madera y la piedra en tonos tierra hacen que los interiores parezcan encontrados. Nada grita. Todo está.
El resort tiene exactamente 18 Casitas. No es un número derivado de la capacidad máxima rentable sino de la escala que permite que la privacidad sea real y que el servicio sea lo que Aman llama intuitivo: el que anticipa en lugar de responder, el que conoce a quien atiende porque hay pocos a quienes atender.
Cada Casita mide 82 metros cuadrados de interior, con techos de doble altura en las de dos niveles que abren vistas al estuario y al Mar de Cortés. La terraza llega hasta 200 metros cuadrados e incluye una alberca privada climatizada de 10 metros de longitud, ducha exterior y chimenea. La relación entre interior y exterior no es de transición sino de continuidad: en ese clima, en ese paisaje, la terraza es el espacio principal.
Algunas Casitas están elevadas sobre el paisaje junto al estuario. Otras están más próximas a la costa. Todas están a la orilla del agua. Esa ubicación no es un dato de marketing: es lo que determina que cada mañana el primer sonido sea el del agua y no el de otros huéspedes.
Cuatro maneras de comer en el mismo lugar
La propuesta gastronómica de Amanvari tiene algo que los resorts con un único restaurante omnicomprensivo raramente consiguen: opciones con personalidades reales y distintas entre sí.
Luma es el más directamente conectado con donde está: cocina costera mexicana sobre fuego abierto, a orillas del mar, con los ingredientes de Baja como protagonistas absolutos. Es el tipo de restaurante que justifica el viaje por sí solo para quien entiende qué significa comer con producto local de esta calidad en este entorno.
The Lounge Bar y The Pool son los espacios de todo el día, sin protocolo, con productos de granjas regionales y pesquerías locales que marcan el ritmo cotidiano del resort. Arva, el restaurante insignia, lleva la cocina italiana de temporada al formato de mesa para compartir, una propuesta que aparece en varios resorts Aman en el mundo y que en Baja tiene algo de inesperado que resulta completamente coherente una vez que se está sentado. Y Sesui es la apuesta más específica y probablemente la más sorprendente de todas: cocina japonesa auténtica con barra omakase para 10 comensales y un salón íntimo para pedidos a la carta. Que un resort de 18 casitas en el desierto bajacaliforniano tenga una barra omakase dice todo sobre el tipo de huésped para el que fue concebido.
El temazcal que Aman nunca había hecho
El Aman Spa & Wellness lleva la filosofía holística de la marca a Baja California Sur, pero lo hace con algo que la marca no había hecho antes en ninguno de sus resorts del mundo: un temazcal contemporáneo concebido desde una perspectiva moderna como espacio central de la propuesta de bienestar. Es el primero de su tipo dentro de Aman, y su existencia en este resort en particular tiene una coherencia cultural que no requiere explicación: estamos en México, y el temazcal es uno de los rituales de sanación más antiguos y profundos de esta tierra.
A eso se suma un banya ruso y un hammam, seis salas privadas de tratamiento, un gimnasio abierto las 24 horas con estudio multifuncional, salón de belleza con head spa, zonas de relajación al aire libre y un pabellón de yoga. Es un programa que cubre desde la tradición mesoamericana hasta las termas del norte de Europa dentro del mismo espacio, sin que ninguno de los dos extremos parezca forzado.
El Mar de Cortés como patio trasero
Las experiencias que Amanvari ofrece fuera del resort son, en muchos casos, la razón por la que alguien elegiría este destino sobre cualquier otro. El Parque Nacional Marino Cabo Pulmo, a corta distancia en embarcación privada, tiene uno de los arrecifes de coral más antiguos del Océano Pacífico y una biodiversidad submarina que los mejores sitios de buceo del mundo difícilmente igualan. El avistamiento estacional de ballenas en el Mar de Cortés. Los recorridos a caballo por paisajes que combinan el estuario, el desierto y la costa en una sola jornada. Las caminatas por la Sierra de la Laguna.
Y como parte de Costa Palmas, los huéspedes tienen acceso a un desarrollo de 1.500 acres que incluye 18 acres de huertos y granjas orgánicas, casi cinco kilómetros de playa apta para nadar, un campo de golf diseñado por Robert Trent Jones II y una marina de aguas profundas con club de yates exclusivo.
Para quienes quieren algo más permanente, las Residencias Aman de Amanvari están diseñadas con la misma lógica que el resort: integración con el paisaje, privacidad real y el servicio que distingue a la marca.
Amanvari abre mientras Aman prepara próximas aperturas en el continente americano: Aman Miami Beach, Aman Beverly Hills, Amancaya en las Islas Exuma de Bahamas y Amansanu en Texas Hill Country. El primero de todos ellos en México es este: dieciocho Casitas en el punto exacto donde el desierto de Baja California Sur se rinde, finalmente, al Mar de Cortés.
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